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PASOS A SEGUIR PARA EL SALVAMENTO DE MATERIALES DE BIBLIOTECA DAÑADOS POR EL AGUA - parte 6

DISPOSICIÓN DE LOS MATERIALES REMANENTES Y LIMPIEZA DE LAS ZONAS EXPUESTAS AL AGUA

Si se evacuaron primeramente los materiales más mojados, los materiales más secos estarán normalmente por encima de la cuarta o quinta repisa y muy apretados entre sí. Bajo ningún concepto deberá separarse o esparcirse esta tercera categoría durante los primeros instantes del rescate. Los materiales dispuestos muy juntos entre sí no desarrollarán moho interno con mucha rapidez.

Sin embargo, puesto que han estado expuestos a una atmósfera muy húmeda, quizá durante varios días, es de esperar que se alcance a desarrollar algo de moho en los bordes externos de las encuadernaciones y de las cajas. Esto tendrá lugar en menor medida si, durante la evacuación de los materiales más mojados, se hicieron todos los esfuerzos para reducir las temperaturas y los niveles de humedad estableciendo una buena ventilación.

Puede que haya libros y cajas en tan buen estado que no necesiten ser enviados a los edificios de congelación sino que se podrán secar en condiciones medio ambientales normales. Sin embargo, bajo ningún concepto, deberá intentarse su secado en el lugar donde se encontraron puesto que el medio ambiente será totalmente inadecuado. En cambio, deberán ser llevados a un medio ambiente controlado mientras se esterilizan estanterías, paredes, suelos y techos y se realice el necesario trabajo de mantenimiento para devolver la zona a su estado normal. Si se mueven, los materiales deberán ser colocados con espacio para la circulación del aire entre ellos, una vez comprobado que la zona de secado tiene una buena ventilación, junto con el aire acondicionado y los deshumificadores. Si no se puede acceder al aire acondicionado, se usarán ventiladores y deshumidificadores para mantener el aire en movimiento y así extraer la humedad de la zona. La humedad relativa de una zona de secado no es una guía fiable del contenido de humedad real de los materiales celulósicos. El contenido normal de agua en el papel está entre el 5 y el 7 % del peso. Los materiales que parezcan relativamente secos al tacto al salir de la zona húmeda, afectada por la inundación, pueden contener en realidad una humedad del 10 al 20 % del peso.

El calor es uno de los mejores métodos de secado pero, puesto que aumenta el riesgo del desarrollo del moho en los libros y documentos húmedos, se usará, únicamente, si se puede establecer una buena ventilación y la deshumificación del aire. Deberá instalarse termohigrógrafos para registrar la temperatura y la humedad relativa a fin de controlar la zona en general, y medidores de contenido de humedad para medir la humedad en los propios materiales afectados.

LIMPIEZA TRAS UNA RIADA/ INUNDACIÓN POR DESBORDAMIENTO DE UN RIO

El momento más seguro para limpiar los materiales es después de que estos se hayan secado. Si el daño por agua es consecuencia de una riada, entonces se puede considerar, bajo ciertas circunstancias, lo que viene a continuación. La experiencia de Florencia demostró que el mejor momento para quitar el barro fue después de que los libros estuvieron secos. Sin embargo, algunos libros se beneficiaron de una limpieza parcial estando mojados.

Si se dispone de ayuda adecuada, los depósitos de barro en los libros que no hayan sufrido más daños por la acción del agua pueden hacerse desaparecer en agua corriente limpia. Los libros cerrados se pueden poner, uno a uno, debajo del agua y el exceso de barro se puede eliminar con una manguera que tenga una cabeza para aspersión fina en su extremo. Este tipo de lavado no deberá intentarse con volúmenes abiertos, manuscritos, arte sobre papel o fotografías.

Deberá evitarse frotar con trapos o con brochas, y no se tratará de forma alguna el eliminar manchas de aceite. Cualquier cosa que sea difícil de eliminar es mejor dejarla así para después del secado, cuando las técnicas de eliminación se puedan llevar a cabo en la etapa de restauración. En algunos casos, los libros impresos, encuadernados en tela o papel pueden dejarse sumergidos en agua corriente limpia hasta dos semanas. Aunque esto se debe evitar en cuanto sea posible, es lo preferible cuando la única otra alternativa es dejar tales libros expuestos a un aire cálido y húmedo mientras esperan atención.

LAVADO MINUCIOSO PARA ELIMINAR GRANDES CONCENTRACIONES DE BARRO

Un proceso de lavado más meticuloso, que trate de eliminar tanto barro y lodo de los libros como sea posible, requiere de seis a ocho contenedores lo suficientemente grandes como para acomodar los volúmenes más grandes de la colección. Este proceso es, obviamente, húmedo y sucio y necesita llevarse a cabo al aire libre, si hay buen tiempo climatológico, o en una zona preparada para el uso y evacuación de grandes cantidades de agua. Puesto que se requieren grandes cantidades de agua, la zona estará mojada y sucia durante toda la operación y, por lo tanto, es esencial un buen drenaje.

Se puede usar cualquier tipo de receptáculos resistentes a la corrosión si son lo suficientemente grandes, pero los recomendados son los cubos de plástico para la basura (con capacidad entre 75 y 115 litros/ 20 a 30 galones). Cada cubo puede estar provisto de una manguera para proveer un flujo continuo de agua a baja presión hasta el borde del cubo de modo que el agua sucia, según se va derramando por los bordes, sea constantemente repuesta por la limpia. Cada manguera será fijada con seguridad para prevenir daños a los libros que se estén lavando. Para la protección de los trabajadores se recomienda el uso de tarimas de madera en el suelo, botas de goma, guantes y delantales.

Manteniéndolo cerrado firmemente, un trabajador puede sumergir libro por libro en el primer cubo y eliminar tanto barro como sea posible mediante una suave agitación bajo el agua. Los trabajadores no deberán usar brochas ni herramienta alguna que pueda provocar una acción abrasiva agresiva. Los libros deberán pasarse de cubo en cubo, repitiendo la misma operación, hasta que se haya eliminado la mayoría del barro. En el último cubo los libros se enjuagan aplicándoles agua suavemente por medio de una manguera de aspersión muy fina. No se deberán hacer esfuerzos para eliminar el barro que continúa pegado tras limpiarlo bajo el agua. Esto se hace mucho mejor cuando los libros están secos.

PRINCIPIOS DE LA ESTABILIZACIÓN MEDIANTE CONGELACIÓN

El método de estabilización más comúnmente aceptado para los materiales de biblioteca y archivo dañados por el agua, antes de que se sequen es el de la congelación y almacenaje a bajas temperaturas. Esto permite ganar tiempo durante el cual se planean y organizan los pasos necesarios para secar el material y para preparar una rehabilitación del lugar del accidente y del edificio, para el retorno de las colecciones tras secarlas. La congelación provee los medios para el almacenamiento seguro de los materiales dañados por el agua, por un período indefinido de tiempo, en condiciones físicas similares a las que fueron hallados, previniendo subsiguientes deterioros por acción del agua y del moho mientras esperan tratamiento.

La congelación no es un método de secado, ni se puede esperar que mate las esporas del moho, pero es altamente efectivo para controlar el crecimiento del moho al inducir un estado de inactividad en las esporas. Si el material dañado por moho es congelado, es importante que el método de secado elegido impida la actividad de las esporas del moho durante el proceso de secado. Por esta razón es importante separar tal material durante las operaciones de evacuación y empaquetamiento.

La estabilización por congelación también proporciona importantes ventajas cuando no es posible determinar inmediatamente el valor de los materiales dañados o para determinar que objetos pueden ser o no reemplazados. En otras palabras, la estabilización proporciona tiempo durante el cual se calculan los costos de la recuperación, se preparan las condiciones medio ambientales para el almacenamiento adecuado y para restaurar el edificio. En algunos casos puede ser necesario restaurar o reedificar los edificios originales -- un proceso que puede llevar largo tiempo.

De haberse usado la técnica de la congelación tras la catastrófica inundación de Florencia en 1966, miles de volúmenes adicionales podrían haberse salvado completamente o hubiesen sufrido un daño considerablemente menor. Las bibliotecas florentinas que tuvieron las mayores pérdidas contenían, principalmente, materiales de los siglos XIX y XX. En estas colecciones las pérdidas fueron mas que todo, entre los libros impresos en papel estucado cuyas hojas se pegaron entre sí durante el secado y que no pudieron separarse luego. Estas pérdidas hubiesen sido evitables en gran parte si los materiales se hubiesen congelado mientras estaban mojados y si los métodos ahora conocidos se hubiesen usado para prevenir la adhesión de las hojas.

El efecto de la congelación sobre los volúmenes empapados en agua que han perdido su forma o que han sufrido daños en la estructura de su encuadernación a causa de la inmersión, será que incrementará ligeramente el grosor de los volúmenes por la acción física de los cristales del hielo, pero se ha demostrado que este incremento adicional en el grosor no crea problemas significativos en los libros ya dañados. Los estudios llevados a cabo por la Oficina de Investigación y Ensayos de la Biblioteca del Congreso no han descubierto evidencia alguna de daños a los materiales celulósicos y proteínicos que se deban únicamente a la acción de la congelación.

La congelación como método de salvamento tiene otras ventajas. Puede estabilizar materiales solubles en agua tales como las tintas, los tintes, manchas debidas al agua, etc., las cuales, de otro modo, se extenderían por acción de la capilaridad si se secaran por los métodos convencionales. La congelación proporciona el medio por el cual los compuestos solubles en agua permanecerán estables durante el proceso de congelación/ secado al vacío (liofilización, freeze-drying), que supone la eliminación del agua por sublimación. Este es el único método de secado conocido capaz de secar sin provocar un mayor corrimiento de los compuestos solubles en agua, a condición de que el estado de congelación del material sea mantenido antes y durante todo el proceso de secado.

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