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Monumentos, Destino manifiesto y México parte 2

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verano 2005, Vol. 37, No. 2

Por Michael Dear

© 2005 by Michael Dear

Mound of stones forming monument no. 16

Número 16, viejo monumento, viendo al este es un ejemplo de un marcador simple de piedra que el equipo del comandante Emory usó para marcar  la ubicación del linde (76-OM-1-144)

En rumbo al oeste, el equipo de Emory levantó pilas de piedras como monumentos y las complementó con detallados bosquejos topográficos de los alrededores para “perpetuar las evidencias de la ubicación de lindes por si acaso los indios americanos quitaran los monumentos construidos. Diez monumentos sustanciales de piedras arregladas estaban sin argamasa. Estos estaban ubicados en el paralelo 31o 20’ y el meridiano conector estaba en el paralelo 31o47’. El primer paralelo mencionado estaba marcado con simples piedras con argamasa excepto en la vecindad del Río Grande y Río Grande en El Paso donde Salazar construyó tres monumentos permanentes cerca de un monumento estadounidense de piedra arreglada.

A pesar de la oposición de Emory, Salazar insistió en dirigir su propia inspección del perímetro al oeste del Paso. Esto resultó en ser una decisión prudente porque los mexicanos no podían localizar varios de los monumentos que los Estados Unidos aseguraba que estaban establecidos. Salazar creó monumentos para reemplazar los que habían desaparecido y también reconstruyó varios monumentos estadounidenses insustanciales. Como era de esperarse, los dos no podían ponerse de acuerdo en el número de existentes estructuras a lo largo de la sección de la línea. Salazar aseguraba 10 monumentos, pero su mapa enseñaba 9 y el conteo final por el mapa de los Estados Unidos enseñaba 8. Cuarenta años después, la nueva inspección del perímetro tenía mucha “confusión y ambigüedad” por las inconsistencias. 

El último obstáculo que enfrentaron los equipos de inspección fue el desierto de Arizona y Sonora, el cual estaba entre ellos y el Río Colorado. Porque el terreno y el clima eran extremadamente inhóspitos y el agua potable era escasa, los comisionados de Estados Unidos y México acordaron en cooperar para una inspección junta. El monumento de hierro previamente instalado en confluencia de Gila y Colorado fue removido a su nuevo sitio en Colorado y fue designado como “Monumento I.” La línea entonces fue extendida hacia el este del río, así manteniendo la costumbre de usar números romanos para identificar monumentos. Sin embargo, la marcha al este fue detenida por la ausencia de agua y se le fue encargado a Nathaniel Michler y Francisco Jiménez a trabajar hacia el este a lo largo del paralelo y el meridiano fuera del Paso para eventualmente completar la línea Arizona/Sonora al Río Colorado. 

Los 54 mapas de inspección de linderos, firmados por los comisionados Emory y Salazar durante 1856-1857 (Joint Boundary Commission) juntas en Washington, D.C. representaron un triunfo de habilidad, persistencia, resistencia y mucho heroísmo. Emory entendía que los mapas testificarían del término de la inspección, verificarían la ubicación geográfica de la línea y tendrían respaldo en disputas internacionales. Salazar y él escribieron lo siguiente: 

"Estos mapas y vistas…deben de servir como evidencia de la ubicación de la verdadera línea y debe de ser el punto en cuales todas las disputas… se deben de referir… La línea mostrada en estos mapas y vistas debe ser respetada como la línea verdadera en la cual no debe de existir apelaciones o desviaciones."

Bajo los términos del Tratado de Guadalupe Hidalgo, las palabras de los comisionados le dieron a los mapas y vistas tanta autoridad como el mismo trato. 

No hace falta decir que los asuntos fueron más complicados. Las notas de Carl Wheat dicen, “En efecto, los mapas eran el lindero y permaneció así para la siguiente generación. Pero las palabras de Paula Rebert suenan más cerca a la verdad. “El verdadero lindero era el lindero marcado en la tierra.” En posteriores disputas lo que estaba en la tierra (incluso los monumentos) tenían mayor demanda legal que los mapas. Como se iba terminando el siglo XIX, la necesidad para mayor precisión sobre lo que estaba en la tierra se hizo sumamente necesaria. 

La nueva inspección de la frontera, 1891-1894

Como la población de la frontera creció en la segunda mitad del siglo XIX, disputas sobre la ubicación exacta del lindero se hicieron más frecuentes. 

El 29 de julio de 1882, delegados de los dos países recomendaron un reconocimiento de todo la frontera desde la Ciudad Juárez/El Paso hasta el Pacífico fuera hecho por las fuerzas armadas. Los propósitos eran reportar sobre las comunidades fronterizas, identificar y anotar sobre las condiciones de los monumentos y determinar cuántos más se necesitaban. A cargo del reconocimiento de parte de los Estados Unidos estaba el teniente Thomas W. Symons y su colega mexicano el general Ignacio Revueltas. Acordaron en viajar juntos desde El Paso a San Diego pero Symons viajó solo en julio de 1883 y completó la inspección preliminar sin asistencia mexicana. 

De rumbo al Pacífico, Symons encontró mucha evidencia de desorden social que crecía entre la frontera. Muchos monumentos de lindero estaban desaparecidos o estaban en mal estado. En septiembre de 1883, Symons estuvo parado al lado del monumento número uno de mármol en el Pacífico. Estaba en muy mal estado y recomendó que una cerca fuera puesta para proteger el monumento. El equipo de Symons viajó 1,252 millas y carbo 52 sitios de monumentos para completar el reconocimiento. El trabajo de rehacer las líneas empezó seriamente. Pero por tormenta política en los dos países, nada pasó por casi seis años. En 1891, una comisión de la frontera fue recreada para asumir el cargo.

El plan de inspeccionar de nuevo fue basado en identificar los monumentos originales y después de su verificación eran de ser considerados como evidencia definitiva de lindero. Ninguna desviación de la línea original era permitida. Los mapas de la inspección original jugaron un papel importante en el proceso de identificación. John Whitney Barlow y Jacobo Blanco, respectivamente comisionado estadounidense y Blanco comisionado mexicano, se encontraron en el paso en febrero de 1892. Sus instrucciones fueron de inspeccionar otra vez la línea, ubicar y reconstruir monumentos viejos e instalar marcadores adicionales si eran necesarios. Se esperaba que los dos equipos trabajar juntos pero el equipo de Barlow con mejores herramientas pronto dejó atrás al equipo mexicana y los comisionados hicieron la línea por separado y comparaban los resultados mientras procedían.

Barlow y Blanco incrementaron el número de monumentos de lindero de 52 a 258. Los monumentos nuevos fueron adquiridos en El Paso al costo de $150 cada pieza. Eran columnas de hierro de seis pies de altura, con doce pulgadas cuadradas en la base, forma de pirámide en la parte superior y endurecido con concreto. Las placas estaban en inglés y español y leían: “Frontera entre los Estados Unidos (o México) trato de 1853, hecho de nuevo por tratos entre 1882-1889.

Monument no. 185 at La Sierra del Tule

El equipo de reevaluación de 1891-1894 estableció el monumento número 185 en La Sierra del Tule. (77-MB-3-32) 

Los equipos de la nueva evaluación encontraron dificultades y confusiones durante la travesía. Frecuentemente, los monumentos originales eran difícil de encontrar especialmente en terreno montañoso. Errores en la evaluación original querían decir que algunos de los monumentos anteriores habían sido posicionados incorrectamente. Tales errores eran arreglados discretamente o dejados para evadir la necesidad de negociaciones para nuevos tratos de reconciliación. En el Río Tijuana, inundaciones anteriores habían enterrado un monumento bajos metros bajo arena entonces Barlow y Blanco restablecieron un obelisco a 1,200 pies al este del original en tierra más alta.

Adicionalmente, algunos de los monumentos viejos habían sido poseídos por los problemas durante los acuerdos de linderos. Un ejemplo de esto es en Nogales, Arizona donde un propietario emprendedor de taberna había construido su establecimiento alrededor de un marcador de lindero número 26. Ahora es un revoltillo de piedras junto a la pared de la taberna. El comisionado Barlow temía por la integridad de la línea entonces recomendó que se le reservara 60 pies de línea por todo el lindero para prevenir futuros pleitos. Mientras esperaba la respuesta federal sobre su propuesta, Barlow quitó parte de la pared de la taberna para reinstituir el monumento con el número 122. Después que el presidente William McKinley aprobó una reserva de 60 pies de ancho y dos millas de longitud a lo largo del lindero de Nogales, cualquier estructura que fuera ofensiva en el lado estadounidense fue removida. 

Es importante decir que varias de las dificultades que encontraron las comisiones de evaluación eran el resultado de la intromisión deliberada humana. Salazar y Emory desde hace tiempo, ya habían documentado la destrucción de los monumentos y las pilas de piedras hechas por indios que cometían pillaje. La destrucción continua de monumentos también resultó cuando fueron desmantelados para usarse como material para construcción o como expresión de antipatía hacia los Estados Unidos. También se le podía echar la culpa a las acciones de rancheros y minero al norte de la frontera quienes destruían o removían los marcadores para obtener el control sobre la tierra y recursos minerales. 

Para de junio de 1894, el trabajo de las comisiones de nuevas inspecciones había terminado. El monumento del lindero número 1 en el océano Pacífico fue designado nuevamente como el número 258 porque los inspectores habían trabajado desde el oeste de El Paso. El viejo monumento fue mandado a San Diego para ser pulido y para escribir palabras en el nuevamente. Después fue reinstalado con una cerca de hierro para prevenir futuro vandalismo. El esfuerzo de inspeccionar otra vez terminó en una amarga confusión porque los equipos habían descubierto errores en la inspección original de calculaciones mal hechas de distribución terrenal en los dos lados de la frontera. En total, esos errores si fueran corregidos, hubiera resultado en ganancia de territorio para México por más de 300 millas cuadradas. Finalmente, por el miedo de que más ajustes causaran litigación de nunca acabar, los dos lados se retiraron de más disputas. Una vez más, la evidencia de lo estaba en el piso sobrepasaba cualesquiera consternaciones basadas en exactitud matemática o cartográfica. 

Monument 258, old No 1

Una foto de 1894 enseña la vista sureste del monumento 258 (viejo monumento número 1) después de su renovación y ser levantado y con una cerca protectora. (76-MB-3-147).

El reporte final de la comisión de nueva inspección fue publicado en 1898. En las siguientes dos décadas, 18 monumentos más fueron creados. El total llegó a 276. Para evadir alguna confusión con respecto a la numeración, las dos naciones conservaron la secuencia original del 1 al 258 y marcaron nuevas adiciones con letras (1-A, 1-B y así sucesivamente). Las 18 adiciones fueron para “perfectamente marcar” la línea. Por ejemplo, un reporte de 1906 por International Boundary Commission, anotó que la única indicación visible de la frontera entre las torres gemelas de Naco (en Arizona y Sonora respectivamente) era “un pico de ferrocarril clavado en el piso." La comisión recomendó que tres monumentos adicionales ((92-A, 92-B, and 92-C) fueran construidos y que un retroceso de 60 pies de cualquiera construcción del lindero fuera institutido(a) porque “muchos de los problemas entre ciudadanos de los dos países de la última primavera habrían sido evadidos si no hubiera edificios, canales, furgones cerca de la frontera para servir como encubrimiento durante peleas y disparos. 

En 1909, International Boundary Commission se encargó de restaurar el monumento 221 y la construcción del nuevo monumento 220-A para aclarar la separación entre los pueblos de Calexico (California) y Mexicali (Baja California). El trabajo de restauración había sido ocasionado por la famosa inundación de 1905 cuando el Río Colorado había estallado en Yuma creando el presente mar Salton pero “destruyendo en su camino una buena parte del pueblo de Mexicali.” La inundación en verdad paró cerca del monumento cual permaneció en su sitio después que el panorama a su alrededor fue alterado.  Finalmente, un número de monumentos fueron construidos en nuevos puentes construidos sobre el Río Grande incluyendo Brownsville-Matamoros (1910) y Laredo-Nuevo Laredo (1912). Los monumentos estaban usualmente ubicados en el puente al centro del “canal normal” del río. 

De monumentos a marcadores, cercas y fortificaciones 

En las vastas extensiones o en el bullicio de ciudades creciendo con rapidez que caracteriza la frontera de 2,000 millas separando a los Estados Unidos y México es fácil no darse cuenta de los 276 monumentos de lindero. Después de todo son estructuras relativamente modestas, probablemente consideradas por la gente como reliquias de una herencia del Viejo Oeste. Pero los monumentos continúan siendo el centro de atención de tensiones locales, nacionales e internacionales. 

Al terminar 276 monumentos, el programa de monumentos fue cancelado. A partir de ese entonces, los dos países acordaron que futuras delimitaciones consistirían en marcadores más pequeños de concreto. Para 1975, 442 marcadores habían sido agregados, principalmente en y alrededor de las ciudades y pueblos fronterizos que iban creciendo. Otros 51 fueron añadidos en 1984. Mientras las poblaciones y densidades iban incrementando, esfuerzos para “conectar los puntos” lo que quiere decir es que cercas están siendo construidas a lo largo de la línea entre monumento y marcador y eso se volvió común. Para el final del siglo XX, tales cercas estaban siendo reemplazadas por fortificaciones masivas, más conocidas en Tijuana-San Diego y Ciudad Juarez-El Paso con el intento de contener el flujo de tráfico humano al cruzar la frontera y contrabando. Tales estructuras han sido recientemente añadidas en distritos rurales y suburbanos a lo largo de California y Arizona. Un siglo o más después que Salazar y Emory, Barlow y Blanco, hemos empezado a conectar sus monumentos y marcadores al construir un muro entre Estados Unidos y nuestros vecinos mexicanos. 

Sobre nuestras fuentes

Fuentes sobre los linderos de los Estados Unidos y México de los Archivos Nacionales incluyen cuadernos, bosquejos topográficos, mapas, lecturas trigonométricas y astronómicas, fotos, memorándum, cartas y reportes oficiales. Para este artículo he usado una combinación de fuentes textuales, cartográficas y fotográficas. Varias fuentes pueden ser encontradas en Records of Boundary and Claims Commissions and Arbitrations, Record Group 76

Los recursos textuales de mejor uso fueron:

William H. Emory, Report on the United States and Mexican Boundary Survey made under the direction of the Secretary of the Interior, 3 vols. 34th Congress, 1st session, 1857; y

Memoria de la Sección Mexicana de la Comisión Internacional de Límites entre México y los Estadas Unidos que restableció los monumentos de El Paso al Pacífico (New York: John Polhemus y compañia, 1901.)

Los dos registros cartográficos de mayor significancia son:

U.S.-Mexico Boundary Survey, 1849–1855, mapas finales (54, in 13 carpetas, más 4 mapas de índice and 5 mapas de islas en el Río Grande); y

Reporte del International Boundary Commission, United States and Mexico, 1891–1896, mapas (24 mapas y muestrario de la nueva inspección del lindero desde San Diego a El Paso, más 2 hojas de índice).

La principal fuente para el registro fotográfico de la nueva inspección de linderos entre 1891-1896 es "Albums of Photographs of Boundary Monuments on the Mexican-American Border 1892–1894."

Algunas de las fotos también aparecen en reportes publicados, en particular en Memoria y los procesos judiciales del Departamento de estado de EE. UU. International Boundary Commission (IBC), Estados Unidos y México. También hice uso específico de tres reportes de IBC:

"Monumentation of the Railroad Bridges between Brownsville and Matamoros, and Laredo and Nuevo Laredo" (1910, 1912);

"Placing of an additional monument to more perfectly mark the international boundary line through the towns of Calexico, California, and Mexicali, Baja California" (1909); y

"Placing of additional monuments to more perfectly mark the international boundary line through the town of Naco, Arizona-Sonora" (1900).

La principal fuente en el idioma español sobre fotos de 1891-1894 fue la nueva inspección Vistas de los monumentos, a lo largo de la línea divisoria entre México y los Estados Unidos de El Paso al Pacífico (New York: John Polhemus y compañía, 1901) bajo la dirección del comisionado Jacobo Blanco. Los documentos que gobernaron la nueva inspección están reunidos en Luis G. Zorilla, Monumentación de la frontera norte en el siglo XIX (México D.F.: Secretaría de Relaciones Exteriores, 1981).

John Rusell Bartlett fue el Segundo comisionado estadounidense de linderos quien supuestamente había gastado medio millón de dólares de dinero de linderos de la nueva inspección para viaje personal por el oeste americano y mexicano. Aunque había contribuido casi nada a la inspección, después produjo una fábula clásica de viaje en la región titulada Personal Narrative of Explorations and Incidents in Texas, New Mexico, California, Sonora, and Chihuahua (2 volúmenes, 1854; disponible como reimpresión del 1965 deThe Rio Grande Press, Chicago, IL).

En términos de fuentes secundarias, la cuenta estándar de historia cartográfica en el oeste americano es por Carl Irving Wheat, Mapping the Transmississippi West, 1540–1861, vol. 3, From the Mexican War to the Boundary Surveys, 1846–1854 (San Francisco: Institute of Historical Cartography, 1959).

La histórica narrativa definitiva de 1849-1855 de la inspección fronteriza entre EE. UU. y México es por Paula Rebert, La Gran Línea: Mapping the United States-Mexico Boundary, 1849–1857 (Austin: University of Texas Press, 2001).

Una vibrante y buen investigada historia de la región fronteriza del presente (incluyendo las dos inspecciones fronterizas) es por Leon C. Metz's Border: the U.S.-Mexico Line (El Paso, TX: Mangan Books, 1989).

Varios capítulos de una biografía de W. H. Emory reporta sobre sus experiencias sobre la inspección fronteriza e hizo uso abundante uso de sus cartas, diario y reportes. Vea L. David Norris, James C. Milligan, and Odie B. Frank, William H. Emory: Soldier-Scientist (Tucson: University of Arizona Press 1998). La vida del comisionado mexicano Salazar es menos documentada, pero vea Luz María O. Tamayo Pérez and José Omar Moncada Maya, "José Salazar Ilarregui, 1832–1892," in Patrick H. Armstrong and Geoffrey Martin, eds., Geographers: Bibliographic Studies, vol. 23 (New York: Continuum, 2004): 116–125.

Gracias a:

El personal de NARA, especialmente Raymond Cotton de la sección cartográfica y Mary C. Ryan, directora editorial de Prologue; Marje Schuetze-Coburn, director de USC's Specialized Libraries and Archival Collections y Barbara Robinson de USC's Boeckmann Center for Iberian and Latin American Studies por asistir en ubicar las fuentes archivadas. Héctor Lucero de la Universidad Autónoma de Baja California, Mexicali por su compañía y percepción durante las exploraciones de los linderos entre EE. UU. y México. Paula Rebert por consejos generosos y su guía con respecto a la inspección fronteriza 1849-1855. A Greg Hise, Paula Rebert y Jennifer Wolch por los comentarios en el borrador de este ensayo y a National Geographic Society's Committee for Research and Exploration, and the College of Letters, Arts and Sciences at the University of Southern California, por ayuda financiera.

Por la presente, absuelvo a estos individuales e instituciones de cualquier pecado de omisión o comisión en este ensayo. Cualquier error que permanezca es mi responsabilidad.


Monumentos, Destino Manifiesto y México


Michael Dear es profesor y presidente del Departamento de Geografía en University of Southern California. Sus investigaciones se enfocan en la ecología cultural de los actuales días de la frontera entre Estados Unidos y México. Su más reciente libro, Postborder City: Cultural Spaces of Bajalta California (New York: Routledge, 2003; editado en conjunto con Gustavo Leclerc) y actualmente está escribiendo un libro con Héctor Lucero titulado El surgimiento de Bajalta California.México. Su más reciente libro, Postborder City: Cultural Spaces of Bajalta California (New York: Routledge, 2003; editado en conjunto con Gustavo Leclerc) y actualmente está escribiendo un libro con Héctor Lucero titulado El surgimiento de Bajalta California. 

Articles published in Prologue do not necessarily represent the views of NARA or of any other agency of the United States Government.

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